11 oct. 2013

El diagnóstico en los problemas de conducta infantil

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Centro de Psicología FAMILIAS INTELIGENTES. www.familiasinteligentes.com Volumen 6. Nº2. Junio 2013 Versión PDF Palabras clave: familia, educación, diagnóstico, conducta, problema Las conductas y las emociones en la infancia y la adolescencia se aprenden en interacción y, por tanto, toda la familia es corresponsable en alguna medida de este aprendizaje. En este aprendizaje recíproco, cuando las situaciones de conflicto lo invaden casi todo, los hijos no son los únicos responsables de la situación, y por ello hay que ser muy cautelosos a la hora de etiquetar o diagnosticar sus comportamientos. Es frecuente encontrar familias que consultan los problemas de comportamiento en sus hijos a los profesionales de la salud, en la mayoría de los casos, referidos a que se “porta mal”, no atiende, no obedece, no respeta las normas. Es lógico; los padres quieren hacer bien su papel, buscan que alguien les dé soluciones, que les expliquen por qué su hijo se comporta así y, sobre todo, qué pueden hacer ellos. Y la primera solución por parte de los profesionales sería realizar una evaluación que abarque el contexto educativo familiar del menor, y no sólo analizar, investigar, valorar o centrarse en la conducta del menor para la búsqueda de un diagnóstico exclusivamente. Hay que frenar la tendencia a etiquetar o diagnosticar ciertos problemas de la conducta infantil y adolescente sin asegurarse de que esos niños están recibiendo lo que realmente necesitan: un amor incondicional y un control respetuoso por parte de sus padres. Se ahorrarían muchas pruebas diagnósticas, derivaciones a centros de menores, electroencefalogramas y tomas de medicación si se ayudara previamente a las familias a cumplir su función. Los profesionales que atienden los problemas de conducta en primera línea, como el profesorado y los pediatras, tienen una importancia vital. Si en su trabajo diario se encuentran con padres y madres que no tienen los recursos educativos necesarios para atender las necesidades de un menor, en lugar de centrar toda la atención en el cerebro del niño, “este niño tiene algo”, e iniciar todo un fatigoso camino de profesionales y pruebas, se debe ofertar el entrenamiento de esos recursos educativos a la familia. Para intentar detectar un problema psicológico, en cualquier proceso diagnóstico, sería muy eficiente responder a ciertas preguntas relacionadas con el contexto educativo familiar de ese menor: ¿Se siente querido y amado incondicionalmente por sus padres? ¿Experimenta cuidado, atención y protección? ¿Se atiende a las necesidades del menor? ¿Percibe el hijo disponibilidad por parte de sus padres? ¿Se ha creado un vínculo afectivo que aporta seguridad? ¿Están los padres preparados y comprometidos para ejercer una crianza sana y respetuosa? ¿Está el hijo orgulloso de sus padres? ¿Son predecibles, creíbles y coherentes las prácticas educativas? ¿Se ejerce la autoridad de una manera empática y amable? ¿Se puede decir NO al hijo sin discusiones ni manipulaciones? ¿Se muestra confianza cada vez que el hijo tiene que tomar decisiones en situaciones que los padres no controlan? ¿Participa el menor en la toma de decisiones, permitiendo la negociación y estableciendo compromisos de forma cooperativa? ¿Son coherentes cumpliendo lo que se dice? ¿Se fomenta la responsabilidad del hijo conforme a su desarrollo evolutivo? ¿Se manejan las provocaciones (rabietas, conflictos) de manera respetuosa? ¿Hay ausencia de gritos, discusiones, castigos? En definitiva, ¿existe buen trato y buenas prácticas educativas? ¿Por qué los niños tienen que pasar un calvario de pruebas diagnósticas y entrevistas con diferentes profesionales, mientras a sus padres no se les dota de herramientas educativas? Los niños pueden necesitar un psicólogo, un neurólogo, un psiquiatra. Pero lo que es seguro es que ¡necesitan unos padres! Los profesionales deberían estar formados para prevenir todo este recorrido tedioso que a veces tienen que sufrir los niños. Los niños, lo que necesitan primero es a sus padres. Para que el hijo cambie, primero han de cambiar los padres. El niño se tiene que percibir a sí mismo, siempre y en todo momento, como parte de la solución, y no como el problema. Y los diagnósticos y las etiquetas señalan al niño, y sólo al niño. ¡Reduzcamos las etiquetas en la conducta infantil, por favor!

8 may. 2013

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